dentro de la zona de confort no hay selvas vírgenes ni
vertiginosas cumbres. nos deslizamos en silencios aprendidos, masturbando las
erres del ritmo y la rutina. aquí dentro nunca llueve. ni siquiera la vida nos cala los huesos. es como si el cuerpo fuera, cada mañana, un
impermeable a estrenar. y observamos la aguja dar vueltas, inmersa en un orden caótico mientras nos imaginamos canosas, viajando por lugares que ni siquiera sabríamos
situar en un mapa, viviendo las vidas que no nos pertenecen. porque las que sí lo hacían decidimos que no nos merecían-
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