no sé si llegará algún cinco de febrero en que tu nombre no se pronuncie. pero esta noche mi cama es irlanda. y no puedo dejar de pensar que un día fuimos seres sencillos. cuando nada ni nadie importaba lo suficiente como para hacernos retroceder. cuando más que movernos, nos impulsábamos y ese cuento del miedo a caer siempre lo escuchábamos en bocas de otros.
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