es maravillosa la calma de fumarse un porro a solas. vuelven a ser las cinco de la mañana... abro la ventana para que se cuele enero en mis pulmones. observo la quietud de la calle desierta, el parque se muere de frío sin niños que lo correteen. la pobre luz de las farolas me adivina desnuda tras el ventanal. ojalá hubiera alguien observándome en secreto desde cualquier rincón de la plaza. pero me disipo con el humo antes de que cualquier mirada aterrice en el balcón.
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